Evidencia de adultos a la pediatría: ¿Cuándo es suficiente la extrapolación?

En pediatría, la llegada de una nueva terapia suele generar una brecha de evidencia incómoda. Una intervención puede mostrar una eficacia contundente en adultos, pero la evidencia que respalde su...

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En pediatría, la llegada de una nueva terapia suele generar una brecha de evidencia incómoda. Una intervención puede mostrar una eficacia contundente en adultos, pero la evidencia que respalde su uso en niños puede limitarse a estudios de farmacocinética, cohortes pequeñas, registros o a la extrapolación de ensayos en adultos. El desafío clínico no es simplemente si la eficacia en adultos puede “prestarse”, sino si las suposiciones subyacentes siguen siendo creíbles biológica, farmacológica y clínicamente cuando el paciente es un niño. La evidencia pediátrica debe verse no como una versión reducida de la evidencia en adultos, sino como evidencia generada dentro de un contexto de desarrollo distinto.1,2

Por qué la eficacia en adultos no se traduce automáticamente

La extrapolación de la eficacia es más defendible cuando la fisiopatología de la enfermedad, la respuesta al tratamiento y las relaciones exposición‑respuesta se mantienen suficientemente similares entre las edades. Sin embargo, los niños no son adultos en miniatura. La maduración de los órganos, la composición corporal, la función renal y hepática, la expresión de receptores, el desarrollo inmunitario y el fenotipo de la enfermedad pueden modificar tanto la farmacocinética como la farmacodinamia. Estas diferencias pueden ser especialmente pronunciadas entre neonatos y niños pequeños, lo que hace que las suposiciones derivadas de adultos se vuelvan progresivamente menos confiables a medida que la edad de los pacientes pediátricos disminuye.2,3

Es importante que una concentración de fármaco idéntica no produzca necesariamente un efecto clínico idéntico. Las enfermedades pediátricas pueden manifestarse de forma distinta y los criterios finales validados en adultos pueden tener un significado clínico diferente para los niños. La experiencia regulatoria admite un espectro de extrapolación que abarca desde la extrapolación total de la eficacia, la extrapolación parcial que requiere datos de eficacia pediátrica o de exposición‑respuesta, y situaciones en las que siguen siendo necesarios ensayos de eficacia pediátricos independientes.1,4

Dose & Formulation: Parte de la Evidencia

Incluso cuando la justificación biológica para la extrapolación es sólida, los clínicos no pueden reducir la dosificación pediátrica a un simple cálculo basado exclusivamente en el peso corporal. Los cambios del desarrollo en la eliminación del fármaco, su distribución, la unión a proteínas y la capacidad metabólica pueden generar exposiciones notablemente distintas con la misma dosis medida en miligramos por kilogramo. El emparejamiento de la exposición y el modelado farmacocinético/farmacodinámico ofrecen, por tanto, un puente más razonable entre el desarrollo en adultos y en pediatría.3,4

La formulación añade otra capa de complejidad. Una tableta adecuada para un adulto puede ser imposible de tragar para un niño pequeño, o una formulación líquida puede presentar problemas de estabilidad, palatabilidad, excipientes, precisión de la dosificación o almacenamiento. Los medicamentos pediátricos suelen requerir diferentes concentraciones, formas de dosificación, dispositivos de administración o procesos de fabricación. Una producción en lotes pequeños y la necesidad de varias concentraciones adecuadas a la edad también pueden hacer que las formulaciones pediátricas sean menos atractivas comercialmente y más difíciles de fabricar desde el punto de vista técnico.5,6 No se trata solo de inconvenientes farmacéuticos. La imposibilidad de administrar un medicamento de forma precisa y constante puede poner en duda la eficacia demostrada en ensayos clínicos.

La necesidad de seguridad específica por edad

La seguridad debe examinarse de forma especial cuando se trasladan datos de adultos a niños. Las reacciones adversas pueden diferir en frecuencia, manifestación y relevancia clínica a lo largo de la infancia. La toxicidad en desarrollo, los efectos sobre el crecimiento o el neurodesarrollo y la acumulación farmacocinética dependiente de la edad pueden no tener un análogo adulto significativo. Los datos de farmacovigilancia muestran diferencias cualitativas entre los perfiles de eventos adversos en pediatría y en adultos, reforzando la necesidad de vigilancia de seguridad por grupos de edad en lugar de asumir que un perfil de seguridad de adultos se aplica por igual a los niños.7

Este tema es especialmente pertinente para ensayos pediátricos pequeños. La mayoría de los estudios clínicos pediátricos enfrentan limitaciones relacionadas con poblaciones elegibles reducidas, consideraciones éticas, heterogeneidad de la enfermedad y desafíos de reclutamiento. Aunque muestras pequeñas pueden bastar para establecer semejanza farmacocinética o señalar señales preliminares de eficacia, no son adecuadas para detectar eventos adversos poco frecuentes o diferencias moderadas entre grupos de tratamiento. Los estudios observacionales y los registros pueden aportar evidencia complementaria valiosa, especialmente para enfermedades raras o desenlaces a largo plazo, pero requieren tener en cuenta confusión, sesgo de selección, datos faltantes y efectos de canalización del tratamiento.

Un estándar más alto para el juicio traslacional

La pregunta para los clínicos debe pasar de «¿Este fármaco funciona en adultos?» a «¿Qué suposiciones deben mantenerse para que la evidencia de adultos se aplique a este niño?» Esa evaluación debe ponderar de forma activa la similitud de la enfermedad, el mecanismo de acción, las relaciones exposición‑respuesta, la farmacología específica por edad, la viabilidad de la formulación, los criterios de valoración clínicamente significativos y la fortaleza de los datos de seguridad pediátricos.

La evidencia en adultos puede ser una base indispensable para la atención pediátrica, especialmente cuando la biología de la enfermedad se alinea y la exposición pediátrica puede caracterizarse de forma fiable. Pero la extrapolación debe funcionar como una estrategia científica transparente, no como un sustituto de la evidencia pediátrica. El objetivo no es exigir un ensayo tamaño adulto para cada niño ni aceptar la eficacia en adultos de forma acrítica, sino construir el paquete de evidencia pediátrica más pequeño y más informativo posible, capaz de responder a las cuestiones que más importan: si el tratamiento funciona, a qué nivel de exposición, entre qué niños, en qué formulación y con qué riesgos de desarrollo.

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Referencias

  1. Sun H, et al. Ther Innov Regul Sci. 2017;2017:1-7. doi:1177/2168479017725558
  2. de Wildt SN, et al. Arch Dis Child. 2014;99(12):1137-1142. doi:1136/archdischild-2013-305212
  3. Mulugeta Y, et al. J Clin Pharmacol. 2016;56(11):1326-1334. doi:1002/jcph.744
  4. van der Lee JH, et al. Acta Paediatr. 2009;98(2):385-391. doi:1111/j.1651-2227.2008.01048.x
  5. Ivanovska V, et al. Pediatrics. 2014;134(2):361-372. doi:10.1542/peds.2013-3225
  6. Liu F, et al. Int J Pharm. 2015;492(1-2):341-343. doi:1016/j.ijpharm.2015.05.013
  7. Bouquet É, et al. Therapie.2018;73(2):171-180. doi:10.1016/j.therap.2017.11.012
Tendencias adultos cuando Evidencia extrapolación pediatría suficiente
OrientaPadres

Sobre el autor: La Redacción

Equipo editorial de OrientaPadres.com.ar, portal de orientación para padres, familias y docentes dedicado a la búsqueda de instituciones educativas e información útil sobre educación, salud, seguridad y bienestar infantil en Argentina.

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