La mayoría de los casos de dilatación congénita del tracto urinario (DCTU) mejoran sin tratamiento invasivo, pero distinguir qué niños requieren vigilancia más estrecha o intervención quirúrgica sigue siendo un reto clínico habitual. En un estudio retrospectivo publicado en Frontiers in Pediatrics, los investigadores evaluaron a 341 niños con DCTU congénita e identificaron varios factores clínicos e de imagen asociados con la intervención quirúrgica, proporcionando una guía práctica para la estratificación de riesgos y el seguimiento.
La gravedad importa en los resultados a largo plazo
La población estudiada estuvo formada por 341 niños (de 0 meses a 18 años) con DCTU congénita que fueron evaluados en la Clínica de Nefrología Pediátrica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Adiyaman, en Türkiye, desde el 1 de noviembre de 2021 hasta el 1 de noviembre de 2023. Los pacientes fueron incluidos si presentaban un diámetro posnatal anteroposterior (AP) de la pelvis renal elevado en la ecografía de las vías urinarias, compatible con el sistema de clasificación de la DCTU. Además, la cohorte estaba mayoritariamente compuesta por varones (71,3%) y aproximadamente dos tercios presentaban DCTU leve a moderada.
En general, los desenlaces fueron favorables, con la resolución de la DCTU en el 96,2% de los pacientes, típicamente dentro del primer año de vida. Sin embargo, los niños con DCTU grave mostraron significativamente una mayor probabilidad de antecedentes de infección de vías urinarias que aquellos con enfermedad leve a moderada (52,0% frente a 16,6%; p<0,001). La DCTU grave también se asoció con un historial familiar positivo de anomalías del tracto urinario (12,2% frente a 1,8%; p<0,001), con reducción de la función renal en la gammagrafía renal con dimercaptosuccínico de sodio (DMSA) (58,7% frente a 22,5%; p<0,001) y con hallazgos anormales en la gammagrafía renal con mercaptoacetiltriglicina con tecnecio-99m (MAG3) y/o en la gammagrafía renal con ácido pentaacetico de dietileno triamina (DTPA) (46,4% frente a 0%; p<0,001).
Los investigadores también hallaron que se requirió cirugía en el 22,6% de la cohorte global, siendo más frecuente por obstrucción de la unión pielo‑ureteral y por reflujo vesicoureteral. Más de la mitad de los niños con DCTU grave, finalmente, se sometieron a cirugía, en comparación con menos del 4% de aquellos con enfermedad leve a moderada.
Un umbral de diámetro AP podría ayudar a orientar las decisiones
El análisis de la curva característica de operación (ROC) mostró un rendimiento predictivo excelente del diámetro AP para identificar a los pacientes que probablemente necesitarán intervención. Un punto de corte de diámetro AP de 17 mm predijo tratamiento quirúrgico con una sensibilidad del 88,3% y una especificidad del 84,1%.
Además del diámetro AP, se identificó como indicadores de mayor riesgo quirúrgico la disminución de la función renal diferencial, un historial de infección urinaria y un antecedente familiar de anomalías congénitas del riñón y del tracto urinario. Según los autores, estos datos pueden ayudar a los clínicos a determinar qué pacientes requieren imágenes avanzadas, una vigilancia más intensiva o una derivación temprana al servicio de urología pediátrica.
Los investigadores concluyeron que, si bien la resolución espontánea persiste como el desenlace más común de la DCTU congénita, se puede identificar temprano a un subconjunto de pacientes mediante marcadores clínicos y radiológicos. Reconocer estos factores de riesgo podría ayudar a los médicos a optimizar las estrategias de seguimiento, reducir pruebas innecesarias e intervenir antes de que ocurra daño renal irreversible.
Referencias
Isik G, et al. Frontiers in Pediatrics 2026;14:1757626. doi:10.3389/fped.2026.1757626
